Aparentemente el decir “no” se volvió pecado…
Aparentemente debemos acceder a cosas que no queremos.
Aparentemente tenemos que conformarnos con ser alguien que viva de sobras y no de un festín completo.
Aparentemente merecemos vivir con el corazón roto y el alma herida para que, así se nos permita formar parte de la vida de personas.
Aparentemente en algún punto de esta existencia perdimos el derecho a ser amigos de personas solo por negarnos a cosas.
Aparentemente valemos más por nuestros cuerpos que por nuestra esencia.
Aparentemente el decir lo que pensamos y deseamos, lo que queremos, añoramos y merecemos nos hace pecadores…
Como aparentemente nos vuelve también el decir “NO”

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